En las grandiosidades de la visión también nos violaremos: High Life (2018), de Claire Denis

We found love in a hopeless place

Rihanna

Criminales farmacodependientes prontos al puñetazo, viajantes en tren de tobillos mugrosos que fueron criados por sus perros, asesinos de animales por pedrada, asesinos por trozo de vidrio u otras puntas, violadores de paciencia meticulosa, una doctora que asesinó a sus hijos y se obstina en la grandiosa experiencia de la fecundación inducida, coaccionada si hiciera falta. Apátridas sin apetito encapsulados en un entorno hostil como el ir muriendo en un deambular obtuso e irreparable por la inmensidad galáctica.

Un Estado deshumanizante que decide combinar el desahucio de condenados a muerte y la especulación científico astronómica sin enterar a los involucrados de que sus destinos quedarán inexorablemente comprometidos con la pudrición, donde poco a poco el cuerpo y el espíritu, y sus sueños de posibilidad, van homologándose como chatarra con la inmensidad del hidrógeno y lo que titila largamente sin aprehensión.

High Life 4
Juliette Binoche interpreta a la doctora Dibs. Imagen de la película, tomada de imdb.

Una mera y constante dinámica de autodestrucción, donde el macho onanista aprovechará el atado disciplinario a la cama de la viajera “de nalgas grandes” (Mia Goth) para tratar de violarla, golpear a su defensora, gritar, rendirse sólo por hemorragia fulminante; y donde la película dirigida por Claire Denis sólo comenzará a existir cuando Monte (Robert Pattinson) se deshaga de los cuerpos congelados de sus antes compañeros de extravío cósmico, dejándolos caer como bultos de basura en la imprecisión oscura del vacío para ahorrar energía eléctrica.

Pulsiones suicidas que renuncian al encierro y sus reiteraciones vía el degüello vecinal para estallar como una bolsa de vísceras a bordo de una cápsula de navegación que indefectiblemente se insertará en cinturones de compresión gravitacional sin estima por los ligamentos del cuerpo humano y sus limitaciones para desarrollar la absoluta elasticidad, transferible hacia cualquier otro punto en el universo.

High Life 3
Boyse (Mia Goth) en traje astronauta antes de emprender su viaje final. Tomada de imdb.

Ni las delicias de un huerto cultivado a bordo, con calabazas, marihuana, flores, irrigaciones minerales y húmedas, ni la exquisita palpitación y sus tierras olorosas desdicen el cansancio de la doctora que experimenta con los despreciados mientras los desprecia; la ira de las sometidas a la fecundación del óvulo y al tedio; la obtusa necesidad de ser mamado del pene incluso tras el último infarto cerebral; el llano dolor de la existencia con lo que confunde adentro de sí a los tripulantes y los vuelve defensivos, violentos, mezquinos, hirientes, odiosos, crueles, atomizados. Fósiles vivos con miradas pesadas de cavada pérdida.

High Life 2
Las posibilidades recreativas del huerto a bordo. Imagen tomada de imdb.

Diario de la descomposición, High Life contrapone al desgaste de vidas corrompidas hasta la claudicación, la esperanza del renacimiento inocente en Willow (Scarlett Lindsey y Jessie Ross en dos momentos): joven criada por su padre Monte en el invernadero con bidones que, a fin de cuentas, tras la supervivencia del más paciente, es la nave paralelepípeda perdida en algún cinturón de oscuridad con años de viaje y que lleva impreso un gigantesco número siete en su pared exterior. El siete de la plenitud bíblica, convertido aquí en sello de identificación casi irrelevante para una lata extraviada como cualquiera.

High Life
La crianza de Willow. Tomada de imdb.

Pesadilla de ser, de estar vivo, que deviene inserción en el halo creciente de la esperanza de tintes solares, luego de que la hija de la experimentación y la arbitrariedad, Willow, ajena a los derramamientos de sangre y las hosquedades que la precedieron, desarrolla empatías por las costumbres de una Tierra que sólo conoce en filmaciones de archivo, gracias a las que aprende a orar pese a carecer de un concepto de dios, y que confía en sus intuiciones, sin precedentes claros, sobre la crueldad. ¿Qué sabes tú de crueldad?, le preguntará, quizás sin inquina, su padre al regresar a la nave después de recorrer otro vehículo vecino, con perros abandonados a una muerte segura entre pisos de mierda, jaulas y costras de lentísimo polvo.

Todavía detrás de la profunda desolación generalizada que arrodilla corazones y sucumbe al desprecio común de los otros, es posible la lucidez de la generosidad sencilla que sangra, desprecia dormir sola y concibe el mundo desde su vocabulario sin proliferación de heridas, hacia la andanza luminosa cuyas consecuencias permanecen en el enigma.

Lo demasiado humano es también la voluntad del abrazo, parece decir Claire Denis tras desplegar una puntual crónica del desgarramiento sin vaticinios de bondad.

High Life 5
Willow. Tomada de imdb.

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