Las comunidades de desaparecidos de América Latina: Raúl Zurita

Lo entienden el Colectivo Solecito y los Fabulosos Cadillacs, las abuelas de la Plaza de Mayo y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan: uno de los ecos comunes de América Latina son sus desaparecidos. A una de sus almas la componen los torturados, asesinados y humillados de los totalitarismos en el continente, dice en una lengua embrollada, asmática, interrumpida, obsesiva, tierna y aferrada el chileno Raúl Zurita en su poema Canto a su amor desaparecido, publicado en 1985 por la Editorial Universitaria de Chile.

Hacinados en cajas textuales que simulan las celdas esclavizantes de América, los galpones de trabajo forzado del desierto y sus anonimatos, los párrafos enumeran las brutalidades de México, Haití, Perú, Angola, Bolivia, Venezuela, Argentina, Canadá, Uruguay, África del Norte, la Isla de Pascua, El Salvador, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Guatemala, Paraguay, Hiorshima.

“Países africanos que lloran”, “Países sudamericanos que lloran”.

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“La generación sudaca canta folk, baila rock, pero todos se están muriendo con la vista vendada en la barriga de los galpones”.

“Pero a nosotros nunca nos hallarán porque nuestro amor está pegado a las rocas, al mar y a las montañas”.

Torturado por el régimen militar que impuso Augusto Pinochet con ayuda de Estados Unidos en Chile desde 1973, artista performancero que escribió un poema con letras enormes en el desierto de Atacama y otro en el cielo de Nueva York, Zurita musicaliza desde su imaginación verbal la fiebre de la interrupción de la vida, la accidentada, tullida sonoridad de un habla maltratada por la violencia, el sueño de que el amor prevalezca a pesar de las asfixias, las botas en la garganta, los exterminios, los crímenes de odio.

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Es 1985 y el régimen opera, dominan la censura y la autocensura, el miedo. Pero al miedo se le opone la enunciación del crimen, la denuncia, la memoria, la ternura, el fraseo que elige motivaciones y aterrizajes estéticos en contradicción con los dolores irreductibles del abuso, parece remachar Zurita con sus versos mareados, obsesivos.

“Murió mi chica, murió mi chico, desaparecieron todos. / Desiertos de amor”.

Este texto fue originalmente publicado en las redes de Fusión México. Edición de imágenes a cargo de Miguel Mondragón. La imagen principal fue tomada del sitio Memoria Chilena.

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