El relato devorador: ‘El agua grande’, de Hugo Hiriart

¿Qué se narra cuando se narra? ¿Cómo cabe Arabia en un relato? ¿Sabiéndolo acomodar? ¿Y si la frase lo posee todo hasta revolcarlo? El mundo en una playa.

En ‘El agua grande’, la cuarta novela del escritor mexicano Hugo Hiriart, publicada en 2002, el sabio, pedante y grosero Magistrodontos diserta con un interlocutor sobre el arte de la palabra y las patas de araña de la narración, que se extienden hasta rasguñar el detalle y la lejanía, el reloj de cristal y la trompa de plumas.

Ensayo sobre la imaginación con forma de novela, cultismo paródico, mayéutica violentada por el ego y la urgencia, breviario de teoría literaria que, tras arrojar algunas hipótesis sobre las tareas ancestrales de contar bien un chisme, realiza sus propias concepciones de la escritura como un abrevadero donde todo se vuelca, se absorbe, se entrecruza, se preña, se esconde, se decapita, se alucina, tiembla; como en el diluvio universal del mito bíblico; como en la narración interrumpida por los aromas pestilentes de un pulque.

3

Imaginación y gratuidad para habitar el mundo: “me gustaría un animal así, por completo fluido: cabeza, tronco, extremidades, fluyendo, un torrente organizado y caliente de células, allá va la ‘medusa’, o mejor el ‘sambo’ líquido, ya pasó una parte y falta otra del mismo ser,y qué color, color sangre, no hay otro color que iguale esa hondura, la intensidad sobrecargada, los matices de ese rojo oscuro del que se ha dicho que es un diván profundo como tumba”.

Hiriart comenzó su carrera literaria con Galaor, una novela de caballerías a destiempo donde la belleza de la palabra y la voluntad de intención trajeron a 1972 una tradición ricamente cultivada en la Edad Media. Y siguió por los derroteros de la invención de otredades, ya recogidas en entradas enciclopédicas, como en Cuadernos de Gofa (1981), o simuladas como agentes colonizadores, como en La destrucción de todas las cosas, publicada a 500 años del arribo de Cristóbal Colón al continente americano, en 1992.

1

¿Y cómo entreteje su arte Magistrodontos? Con paciencia, con interrupciones, con ciegos de pulquería devenidos divinas conciencias iluminadas mediante el sufrimiento y el dolor, por supuesto.

Todo está en todo, parece repetir ‘El agua grande’, un ejercicio de digestión trascendental, una humedad prolongada.

“Y todo esto lo hace el agua, el agua cristalina y gentil, mansa entre lo manso, que guardas en un vaso, el agua fértil, el agua feraz de los sembradíos, sólo porque se hace más, creciendo, inundando, el agua grande”.

2

Este texto fue originalmente publicado en Fusión México.

Imágenes intervenidas por Miguel Mondragón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s