Memoria en trocitos: Margo Glantz también se acuerda

“Me he pasado la vida haciendo autobiografías pulverizadas”, comentó la escritora mexicana Margo Glantz el 26 de junio en una conversación con Gabriela Jáuregui y Eduardo Rabasa.

La polígrafa, experta en Sor Juana y autora de diversidad de libros polimorfos, hablaba entonces de su libro ‘Y por mirarlo todo, nada veía’ (Sexto Piso, 2018), recomposición literaria sobre las desinformaciones e informaciones vertiginosas del Twitter.

Y hablaba también, en una frase, de toda su obra: donde se ha discutido sobre Pascal, King Kong, Absalón, Coco Chanel, Pasolini, Lope de Aguirre, Agatha Christie, el conde de Raousset-Boulbon, Sor Juana, la misoginia de Mircea Eliade o la brillantez de Nellie Campobello.

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“Siempre he trabajado con la escritura fragmentaria”, dijo también Glantz. Valoraciones que introducen bien su ‘Yo también me acuerdo’, autobiografía en trocitos publicada por Sexto Piso en 2014.

‘Yo también me acuerdo’ es uno de esos libros perforados que pueden ser leídos en cualquier orden, desde cualquier asalto, por exabrupto, por arriba, por abajo o hacia atrás. Como quien transborda en Pantitlán por primera vez. Como quien mira detenidamente el pasto por primera vez.

Glantz trabaja en respuesta al ilustrador estadounidense Joe Brainard y al grafómano francés Georges Perec, que hicieron libros de la misma forma unos 40 años antes.

“Me acuerdo de Lydia Davis, gran escritora, mucho mejor escritora que su ex esposo Paul Auster, aunque menos famosa que él”, enlista, por ejemplo, con frases que empiezan siempre igual, con un “me acuerdo”:

“Me acuerdo que los alumnos de la Escuela Normal Superior de París nunca se percataron de que Celan, su maestro de traducción, había sido uno de los poetas más eminentes del siglo XX”.

Casi 90 años de vida aglomerados desde el antojo quebradizo del azar, en mestizajes permanentes: saltos desde el hogar hacia algún continente, de la erudición a la banalidad, de la obviedad al extravío intelectual, de la cotidianidad a la denuncia indignada.

De Valparaíso a París, a la India, a Monterey, California, a Nueva Zelanda, a Argentina, a Berlín, entre otros destinos formadores.

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“Me acuerdo que había licenciados que cuando no conseguían trabajos de su oficio se metían a conducir tranvías”.

“Me acuerdo que una vez escribí esta frase: Me abrazó, tendremos hijos, Nora, dijo. No puedo, contesté, mis genes son de perro. Luego oriné en las paredes y sobre las flores rojas”.

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“Me acuerdo que Luis Cardoza decía que a algunos libros no había que ponerles fe de erratas sino fe de certezas”.

“Me acuerdo que para sobrealimentar mi narcisismo me encontré los libros de David Markson, Lydia Davis, Joe Brainard, Georges Perec y Pascal Quignard, escriben textos poco canónicos como yo”.

El libro es, quizás, una celebración del paso por el mundo que introduce su erudición y placer por la digresión con una dedicatoria amorosa que revela su apego a la vida: “a mis nietos Sofía, Bruno, Maqui y Santiago, para que me recuerden luego”.

Y una despedida desde la memoria: “Me acuerdo que a lo mejor este libro puede hacer oficio de obituario”.

Este texto fue originalmente publicado el 16 de septiembre de 2018 en las redes de Fusión México.

Ilustraciones intervenidas por Miguel Mondragón.

Imagen destacada tomada del Twitter de Alejandro Meléndez (@alexmelon)

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