Conversación con la nieta de Eliseo Diego por «La novela de mi padre»

La literatura cubana como una conversación familiar.

En La novela de mi padre, el escritor cubano Eliseo Alberto retoma el pasado literario de su progenitor, el poeta Eliseo Diego, quien murió en 1994, y opera una reconciliación desde la ternura y la memoria.

Alberto, apodado Lichi afectivamente por su familia, membrete que recordaba en las solapas y el cuerpo de sus libros junto con los de sus hermanos: Fefé, Josefina de Diego, y Rapi, Constante de Diego, a su vez falleció en 2011, lo que dejó nuevamente un testamento artístico inconcluso, a la espera.

La hija de Lichi, María José de Diego, asumió la genealogía de la que es heredera y se dio a la tarea de publicar el texto, con lo que La novela de mi padre enlaza al menos tres generaciones de cubanos, todos radicados en México.

“A raíz de su muerte un poco heredo también a sus lectores. Yo siempre digo que no me dejó huérfana a mí, dejó huérfana a mucha gente”, dice María José de Diego en entrevista.

Publicado en marzo de 2017, el germen del libro se remonta a 1944, cuando Eliseo Diego tenía 24 años, había ya publicado su primer poemario, En las oscuras manos del olvido, y borroneó los apuntes de un proyecto de narración permanentemente inconcluso.

A su muerte, ocurrida 50 años después en una casa de la calle Amores, en la Colonia del Valle, entre los homenajes, las lesiones emocionales y los archivos, los hijos de Diego ubicaron los apuntes de una novela cuya amalgama es la nostalgia de quien regresa a su pueblo tras años de ausencia.

Eliseo Alberto, también escritor, exiliado de Cuba durante el Periodo Especial gracias a una invitación de Gabríel García Márquez para trabajar en México, con el pretexto de esas cuartillas decidió detonar un proyecto de curación de su pasado.

Lichi tiñe un retrato del Eliseo Diego vinculado a los también poetas isleños Gastón Baquero, José Lezama Lima y Virgilio Piñera, a través de la revista Orígenes, que atrajo a su vez las plumas de la filósofa española María Zambrano o el argentino Macedonio Fernández, entre otras.

En La novela de mi padre se intercalan cartas de amor escritas en aquella época por Bella García Marruz, esposa de Diego y hermana de Fina, poeta a su vez casada con Cintio Vitier, lo que para su nieta es una manera de reconocer a quien amalgamó al grupo desde cierto anonimato.

“Si algo es totalmente real de la novela y copiado textual son esas cartas. Y creo que mi papá lo que quiso hacer fue un poco un homenaje a Bella, que siempre fue la figura que estuvo detrás de Eliseo”, asume la nieta de García Marruz.

“No tenía el nombre que tiene, por ejemplo, su hermana Fina García Marruz o Cintio, pero era como el pedestal, yo creo, de ese grupo Orígenes completo, era como la goma que lo unía todo”.

La novela de mi padre
Portada de la novela editada por Alfaguara.

Viaje de regreso a Cuba, abrazo a México, reconstrucción del origen asturiano y aristócrata de los progenitores de Eliseo Diego, amigo en vida de Efraín Huerta y Hernán Lavín Cerda, un mexicano y un chileno, entre varios otros, ficción acariciante de la memoria, La novela de mi padre celebra y despide una época desde el afecto.

“Su vida se desmorona en medio de una rugiente avalancha de luz, se esfuma, sí, se transparenta, pero sólo para reedificarse verso a verso en la monumental literatura que él, al huir ahogado, nos testó en herencia”, escribe Lichi.

“Rueda por el piso un mango mordido. Y escucho reír a un niño de seis años tras mi puerta”.

Este trabajo fue originalmente publicado en la sección Cultura del periódico Reforma. 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s