Las confianzas sin habitación: El deshabitado, de Javier Sicilia

“La gente que narra historias edulcoradas y patéticas sobre el perdón no sabe lo que dice, jamás ha experimentado el horror del sufrimiento y la desdicha a esas profundidades”, dice Javier Sicilia en El deshabitado, novela publicada en octubre de 2016 en la que reconstruye su experiencia como padre, creyente, intelectual y activista tras el asesinato de su hijo Juan Francisco, perpetrado en 2011 durante el sexenio del panista Felipe Calderón, cuya administración estuvo marcada por miles de ejecuciones vinculadas al crimen organizado y casos de negligencia política aún irresueltos y polémicos, como el de la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, entre otros.

Novela testimonial, biográfica, ensayística, enfocada en la reconstrucción de aquellos días. Arco de acciones que se tiende desde la noticia de la ejecución del joven hijo del poeta católico, recibida en la Embajada de Filipinas en compañía de su titular, Tomás Calvillo, compañero de generación de Sicilia, cómplice intelectual, hasta el cierre en la caravana por diferentes puntos de Estados Unidos golpeados históricamente por el esclavismo negro, el abandono derivado de la industrialización y, por supuesto, la difícil relación fronteriza con nuestro país, en una complicidad todavía hoy no encarada con la suficiente sinceridad y penetración por los gobiernos de ambos países, líneas neurálgicas donde se intercambian drogas y armas, escenario de la crisis humanitaria de nuestro tiempo, probablemente expresada con un significado irreductible en la densidad y dramatismo del flujo migratorio, entre otros fenómenos, una difícil convivencia de adelgazada comprensión mutua; tierra donde se aprovecha la profundidad del dolor ahí presente para hacer eco de otras voces de dignidad y resistencia desde el pensamiento y el compromiso, como impulsara en la década de 1960 el pastor evangélico Martin Luther King en defensa de los derechos civiles de la comunidad afrodescendiente en ese país del norte del continente, hoy policía mundial inmiscuido a distintos niveles en Siria, Afganistán y Corea del Norte, por ejemplo.

Solalinde
Alejandro Solalinde, defensor de migrantes con operaciones en Ixtepec, Oaxaca, es uno de los protagonistas del movimiento activista impulsado y liderado por Javier Sicilia en el país. Imagen tomada del Twitter del sacerdote.

Novela que es un elogio biográfico de los acompañantes del escritor, en la carne o las lecturas. Recuperación convencida, aunque derrotada y hondamente adolorida, del trazo de la formación intelectual y espiritual del poeta, quien decidió dejar de escribir versos tras el asesinato de su hijo. A lo largo de las páginas de El deshabitado, Sicilia referencia y documenta con puntualidad en un apéndice los oficios y fundamentales rasgos biográficos y profesionales de escritores y activistas leídos, además de colaboradores o compañeros en el camino, como Lanza del Vasto y Albert Camus (quien en La peste ya discutía la obligación ética de oponer a la degradación del mal la tenacidad del esfuerzo empático y racionalista), el padre Alejandro Solalinde, defensor de migrantes centroamericanos y otras latitudes con un refugio en Ixtepec, Oaxaca, y Raúl Vera, obispo de la diócesis de Saltillo, Coahuila, escenario de la violencia del grupo delictivo de Los Zetas y del endeudamiento presuntamente articulado por el ex gobernador priísta Humberto Moreira; como Julio Scherer García y Vicente Leñero, Emilio Álvarez Icaza y Carmen Aristegui, Mark Rothko y Paul Claudel. Además, claramente, elogia y retrata desde la desgarrada admiración empática y vencida a las muchas otras víctimas de la violencia estructural del país, quienes en una u otra dimensión acompañaron o constituyeron el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el cual visibilizó en aquellos años al escritor como una de las figuras centrales del activismo crítico, en permanente demanda de diálogo y reflexión a la administración de Calderón, en constante ascenso a las tribunas para inconformarse por la morbidez hiriente de la situación.

El relato no incluye participaciones más recientes del poeta en conflictos de significativa degradación humana y política registrados en nuestro país, como su involucramiento en el proceso de exhumación de cadáveres en las fosas de Tetelcingo y Jojutla, Morelos; signo de que los desafíos, los quebrantos estructurales que llevaron al asesinato de Juan Francisco siguen extendiendo su pesadez sobre el panorama nacional.

Carmen Aristegui
La periodista Carmen Aristegui y Emilio Álvarez Icaza (derecha), quien preside la organización civil Ahora, son acompañantes del poeta en el relato de El deshabitado. Twitter/aristeguicnn.

El deshabitado, cuyo nombre visiblemente constituye una metáfora de quien ha dejado de vivir luego de que la expresión irracional y deslocalizada de la violencia ha torturado y asesinado a su amor, en irremediable, irrecuperable atropello, jirones sin aliento, se desarrolla principalmente en tres planos.

El primero es el público, el que recoge los episodios registrados por la prensa, con Sicilia al frente de caravanas icónicas, como la que llevó al movimiento de Cuernavaca al Zócalo de la Ciudad de México, con un encuentro en Ciudad Universitaria, entre otras pausas. La visita a Ciudad Juárez, considerado punto icónico de la descomposición, entre otros problemas, por la dramática concentración de feminicidios en esa localidad fronteriza. Los diálogos públicos con el gabinete federal celebrados en el alcázar del Castillo de Chapultepec. La presión en 2012 para que el poeta de sombrero emblemático y chamarra de borrega se sumara a la campaña electoral de la coalición de izquierda, con miras a que Andrés Manuel López Obrador derrotara al entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, propuesta a la que, no sin roces de relativa notoriedad, no sin tensiones con ruidoso eco mediático, Sicilia se negó en tanto que su lucha no pretendía la coyuntura o la escalada en las oportunidades trazadas de la burocracia, sino visibilizar las condiciones de abyección derivadas de la guerra contra el narcotráfico y otros fenómenos, como la arraigada desigualdad económica y social, la explotación irracional fomentada y difundida por el capitalismo, el extravío espiritual de la época, que deriva en un materialismo a ultranza, etcétera. Es el plano del reconocimiento a la dignidad activa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), con quienes a la vez, sin embargo, se registran rompimientos y distancia, siempre desde la riqueza del diálogo, puntuado por la lectura compartida y astuta del poeta griego Constantino Cavafis. Esta dimensión del libro se acompaña de la transcripción de algunos de los documentos clave del proceso, como las cartas del Subcomandante Marcos, misivas dirigidas a los cuatro candidatos presidenciales de 2012, intercamibos con el presidente Calderón, discursos pronunciados en distintos periodos del desarrollo del movimiento, definiciones de aspiraciones a acuerdos de cala nacional, etcétera.

Estamos hasta la madre
San Cristóbal de las Casas, Chiapas. La Caravana del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad visitó esta ciudad de abundante población indígena en septiembre de 2011. Imagen tomada de zapateando.wordpress.com

El segundo plano recoge los testimonios de lo íntimo, revela los desgarros producidos en la vida familiar derivados de la constante exposición del novelista en la plaza pública y el debate abierto, lo que conlleva un conglomerado de vilezas, intereses, velos, hipocresía: la normalizada incomodidad rasposa, violenta, de la vida política de un país tan complejo como México. Es el relato del círculo afectivo más cerrado del poeta, donde se describen las dificultades de orientación estructural que encara su hija, Estefanía, madre del pequeño Diego, sumida en el debate entre reconstruirse en una abadía en Francia, que implica una disciplina espiritual y física inapelables, o escapar hacia Bélgica en ánimo de intentar una carrera de diseño de modas acompañada de un amorío; o bien, interrogar a su padre y reprocharle la dispersión derivada de sus acciones mediáticas, a costa del contacto y la presencia doméstica, y demás. Es el plano de los acuerdos sexuales, amorosos, críticos, políticos e intelectuales con su pareja Isolda, o bien con la madre de sus hijos, víctima por otros frentes en su propia vida, además del asesinato de Juan Francisco.

Por último, destaca la dimensión ensayística de la novela, donde Sicilia apela al bagaje profundo de su conocimiento teológico forjado a lo largo de décadas de lectura y vivencias, la riqueza intelectual de quien ha discutido consigo mismo, con sus autores y sus colegas a lo largo de su vida para tratar de discernir el significado del esfuerzo, la resistencia, la poesía, el humanismo y la escritura ante el ardor flagrante de la barbarie en la que los poderes fácticos han sumido al país a lo largo de los años, probablemente dilatada hacia atrás hasta los siglos. Se apela en esta dimensión del libro al diálogo con la Teología de la Liberación, con la reflexión mística, la interiorización, la disciplina, la claridad, a la dura interrogación de las raíces y las razones de la fe: el origen cósmico de la ausencia del bien, el aliento marginal y comunitario de los conspiradores (es decir, quien respira en compañía del otro, de acuerdo con el significado etimológico, en atención a la voz latina conspiratio): los cristianos primitivos, el apego enamorado a la humildad esencial del mensaje de Cristo, quien de acuerdo con la tradición evangélica lavó los pies a sus discípulos, prometió saciedad a los desheredados, los enfermos y los hambrientos, y antepuso la legitimidad taumatúrgica del amor al enroscado prestigio del fariseísmo leguleyo y la sesuda interpretación de las escrituras desde la discusión abstracta y erudita; quien mediante la ira y el estallido de la dignidad purificó de mercaderes el templo, corriéndolos a latigazos, e hizo significativa la elocuencia de la tenacidad que se opone a la degradación, víctima él mismo, según el relato evangélico, de una ejecución ordenada bajo el amparo y la lógica del derecho y la institucionalidad romanas.

Felipe Calderón Twitter
Felipe Calderón era presidente de México cuando Juan Francisco, el hijo del poeta, fue asesinado en Morelos. Imagen tomada del Twitter del ex mandatario.

Como un testimonio que pretende localizar la dificultad del mal, presente en una humanidad capaz de producir música, poesía, bebidas embriagantes, los rituales de la fiesta y el placer, entregada también con frecuencia a las vilezas de las ejecuciones, responsable del exterminio de los indios americanos, de la experiencia de las guerras mundiales, de la expansión criminal de la modernidad y sus alianzas económicas que, desde la primacía de la carrera fáustica, barren cosmogonías, identidades, pertenencias y concepciones milenarias ligadas al ritmo, El deshabitado da cuenta, pese a todo, de una confianza adolorida y descoyuntada.

Es el relato de un creyente que ha perdido la posibilidad de un consuelo abstracto en el manto de lo divino; quien, en cambio, increpa y repudia a la espiritualidad evasiva, embriagada y autosatisfecha, reconoce la insistencia de su desgarramiento, pervive en una permanente desesperanza. Y, sin embargo, articula la voz de la lucidez denunciante, que es oposición.

“Dios no es esa construcción utilitaria que los seres humanos hemos fabricado para responder al abismo de la Pasión y justificar el mal que cayó como una tromba sobre el Cristo… Ese utilitarismo, ya desacralizado, nos ha conducido hasta este horror… Dios, George… No sé por qué carajos estoy hablando de esto… Dios trataba con exasperación de buscar las palabras más adecuadas para expresar algo de lo que era sólo oscuridad es amor y su amor, un poco a la manera del nuestro, que es su única presencia en nosotros, es impotente para hacer o cambiar algo de la historia. Por eso no pudo salvar a Su Hijo. A Dios debe dolerle mucho el corazón».

Es el oficio del humanismo, que entiende que en la minúscula invisibilidad de sus decisiones locales, de sus genuinos lazos de amor en el trazo biográfico personal, jamás se derrotará al Moloch operativo del dominio multimillonario, cuyas expresiones son lo mismo las armas largas de los grupos criminales enquistados en Sinaloa, Veracruz, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Jalisco, Coahuila, Tamaulipas, Morelos, etcétera, que las invasiones culturales que enajenan las aldeas y las vuelcan a un apego a los productos derivados del imperio y sus fascinantes flecos súper producidos, entre otras abundantes, inabarcables y espurias variedades. El oficio, pues, que sin embargo insiste en entregarse a la búsqueda de las oportunidades de realización de otra sociedad, cuyo sentido sea la respiración.

“Pensó que en el fondo nadie, como ocurría con el bosque y el fuego en la madera, hace la vida.

«Ella está allí, sin ser vista, alimentando el crecimiento de la yerba o el cambio de la madera en llamas. Está en el secreto, imperceptible, invisible, como en el pan de la Eucaristía”, dibuja el autor en algún episodio.

Javier Sicilia. El deshabitado. México: Grijalbo-Proceso. 2016. 525 págs.

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