Dios, que su cuerpo arquea

Lo que no se siente intensamente, muy seguro que no somos nosotros (el plural, la mera forma taumatúrgica del yo) y vamos, entonces, en nido de tumba felina hacia la confusión. 

El heroísmo nos abandona, nos deja únicamente hongos en quien soñar, aunque él nunca pudo. O sutilmente sólo por eso. Entonces, el heroísmo es la propulsión secundaria posibilitada tras el rango quemante de su muerte.

Irse pinta el babuino de mimbre adentro. Toda transformación es ese convencido ser sentimental del que hablábamos al principio, y su subsecuente paracaídas de cristal, con filetes de bruto color.

La verdad es que también escribo porque te hablo. Quizás abajo de la normalidad sublimas tú. En más tamarindos de tus calzones te quiero ver. 

Extrañarte es sensacional.

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