Respiraciones ubicadas: Youth (2015)

Confiar en la intensidad contradictoria, dolorosa, bella, sutil y arrasadora de las emociones; componer desde la simultaneidad de Miss Universo más allá del cliché, tremenda desnuda y aguda pensante, de una niña que no necesariamente prefiere las películas de robots, de una prostituta que es dejada en su oficio todas las mañanas por su madre, de un Maradona desarticulado por la obesidad que sigue indagándose en el futuro, con Marx tatuado a la espalda y siempre acompañado de una vaya a saberse por qué diligente custodia de atadura corporal muy suave en contraste, de un actor apoyado por Novalis que se prepara a interpretar a Hitler y luego no, convencido de que es mejor abrazar el cinismo amoral de la pasión propia que seguir zumbando en torno a las glorias piramidales del horror, de una asistente de director abandonada por su marido que desmiente la celebridad de su padre desde el honesto recuerdo de sus heridas de infante, mas llora de convencimiento cuando descubre que papá también sabe amar, al negarse a ejecutar para la Reina de Inglaterra lo que sólo cantaría su esposa, de un cineasta en búsqueda de un testamento artístico que, fellinianamente, un día de derrota es asaltado por la memoria de sus personajas, sexuales, gangsteriles, subordinadas, extraterrestres, gránulos de un hilo recorrido, de un director de orquesta y compositor que se reconoce en un concierto de cencerros, aves y vacas, de escritores cinematográficos que se enamoran sin que lo sepan, como fácilmente puede notar quien ha pasado por el mundo, de un alpinista que decide entrar al corazón de una mujer como se debe: ofreciendo sus cariños más íntimos, personales y alcanzados en un convivio incómodo a la orilla de una alberca, de un budista levitante que alcanza la credulidad de los ajenos sin aspavientos ni tambora, de una pareja de mudos tensos decepcionados a cuyas cansadas prácticas entrenadas en años apenas asomamos, de un aprendiz de violinista que encarna las transparencias de quien carece de malicias y sólo tunde en flujo.

Película sin centro, más que la flotación que produce amar la vida, lo que siempre es resignado o duele, Youth, de Paolo Sorrentino, vuelve al entrelazado astuto y a la sutileza ambiental para ofrecer un testimonio de ironía reflexiva, de contradicción reconciliada, como que vida nunca es concepto, para entregar una obra panorámica de elogio a la dificultad de lo que hace llorar y, sin embargo, posiciona.

Youth conductor
Michael Caine interpreta a Fred Ballinger, un laureado compositor y director de orquesta. Imagen tomada de imdb.com

Cineasta de las composiciones estrictas, de los paisajes radicales en su tonalidad y aperturas monumentales, de las transiciones vertiginosas, aunque domine la tersura, Sorrentino probablemente confíe en la concéntrica totalizante pulsación del alma, que sólo conocemos cuando encontramos y cuyo modo de uno de sus brazos es la empatía.

De nuevo el arte es invitación a vivirse, a entender la pesadumbre capaz de risa de los otros, a disculpar lo que preconcebimos, para luego desecharlo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s