Polémica probidad

¿Cuántas veces se sale confundido de una película? Peor aún si se visita el Internet en busca de ayuda para desgranar lo recién impactado adentro, y se encuentran luego bonches de quejas, reproches y neurastenia mal canalizada en el foro anónimo del amasijo y tiradero virtual.

Deliciosa confusión, sin embargo, que no estemos de acuerdo. También la ignorancia aporta, contribuye y enseña. Todo un paradero y griterío de posibilidades asoma en la celebrada dilatación de las opiniones, y los diagnósticos de una ira frecuente también dan aviso de la ruptura de nuestro ingenio: ¿hasta dónde alcanzaría a rozar una generosidad creativa y desafiante?, ¿qué es imposible de concebir por la domesticación del imaginario?, ¿por qué insistimos en mismas parcelas, forzados desde qué ciega irradiación?

Imposible que una cinta no se odie y se idolatre en al menos dos partes del mundo: signo de que el globo vive y se queja, de que la corteza terrestre expresa su incompletud desde el apasionamiento, la furia, el error, la lucidez, la sensibilidad, la enunciación y el placer de la enunciación —que bien podría ser uno fruncido: luz del estreñimiento.

Sugiero sospechar del enfurecido ujier del exhibicionismo que habla para dilapidar, amparado en la certeza de su insuficiencia natural (esto es lo que compartimos cósmicamente), con unas u otras plumas luminosas colgando del fleco.

Del mismo modo que el lenguaje no existe sino como hervidero de liberaciones simultáneas (Góngora cada siglo escribe mejor; aquí están con nosotros Séneca, Nezahualcóyotl, Bernal Díaz del Castillo y Carmelita Salinas, ¡salve!), del mismo modo que es por invención subyacente y explícita, por la incalculable posibilidad derivada de los hablantes —suyos por invasión de espacios de expresividad, soldaderas desconocidas—, ¿cómo pedirle al aerostato de The White Diamond (2004) que roce vulva aérea en una inequívoca dirección?

Carmen Salinas
Actriz, productora y legisladora por el PRI, Carmen Salinas figura en la historia del espectáculo mexicano de manera insoslayable. Imagen tomada de imdb.com
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Werner Herzog junto al aerostato que protagoniza su película The White Diamond, documental situado en la Amazonia. Imagen tomada de imdb.com

Leo en el imdb.com sobre Tideland (2005): «In the end, Tideland will likely please a select group who prefer to experience cinema rather than opposing it with their own expectations», crítica del 8 de noviembre en manos del usuario Film Cauldron.

Normalicemos la conciencia de que todo es provisional, incluida la historia de las religiones y sus estatutos deliciosos que fomentan la confianza en absolutos. Normalicemos la oportunidad de experimentar el propio y el ajeno y compartido desconocimiento de cualquier posibilidad de la materia (de Paz Vega a los churros rellenos, y esto elegantemente asociado, sí se entiende, ¿no?). Normalicemos tolerar la ignorancia como un umbral de mayores problematizaciones. Que la observación sea orquestada.

Hay que seguir peleando.

 

 

 

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