En derrapando, raspa

Hace quince años que espero. Mañana rebota mi tormento mental. Seré la evasión del fiasco, todo montado en un ángel de hilos; caparazón de rasgos inauditos: no me desheredes.

Pedir es desear ser, es un volante y la cresta gallinácea de una ecuación, el cardumen de paz. El viejo cocodrilo sólo sana, no se justifica ni agobia al exterior con el sudor del logos: circunstancia derramándose, hay ojos en tu pulmón, dámelo a mí, sin la preocupación de la continuidad.

Hubo una ocasión para los símbolos y las imágenes; todo, hasta la muerte del ganado, un diálogo ingobernable con la divinidad, razón de uvas, páramo de embriaguez. Ahora luminosidad y alma parecen aislamiento: la sensibilidad asoma como una cofradía, un cansancio de luchar por su hábitat de resonancias. Muerte a las distancias. Lámpara maravillosa.

Sólo las muejres se saben inclinar con una portada grácil, alas abiertas del camino hacia el núcleo de tu cabeza. Ignoro todo lo que sé: con un rumor bestial callado imposible de discernir y sin comprobación anterior.

La posible mística de la sociedad industrial. La colectiva orina, sin embargo, por la boca. Hay un loro aplaudiendo en la esquina de tu vulva.

¿Qué vamos a hacer con tu frívola necesidad de descender a la cama? ¿Un poema franco, una chinche decorativa, una irrigación descomunal de sentimiento? Una impaciencia con las lechugas rotas, un alarido pequeñito, una atalaya intemporal sobre la Portales, para que nos insulte el gobierno una güerita a destajo, una lengua de bejuco, un tribulado asombro insustancial, un mango de tinta y una nao que invite al mareo por la firme calentura de sus formas. Lo poético se descubre a sí solo por descoyuntura, por dolor de estómago; distintas tradiciones donde derribar la mierda de la vaca…

El primer día del año yazgo recostado buscando la alquimia: permanencia de lo mayor a quien los mecanismos, las explicaciones y las estrategias le son insuficientes: realidad es múltiple generación de células y cargamentos emocionales, códigos y sangrados sumamente elocuentes: higos royendo los conductos de la vida, donde la mordida es resurrección y calor como cuidar una cabeza.

Un poeta, un santo, un dador de vínculos, un cineasta que antes de saberlo vuelve a su abuela. Como no sé trabajar, comienzo el año olvidando la torpeza de la distracción donde no nace el bisonte.

Un cuento: ella se enamora.

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