La ahogada prevalencia del afecto: El cuarto de los huesos (2015)

Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
Macedonio Fernández

¿Cuál es la poderosa luz que trasciende ante la crueldad y la sordera monolítica del caso Ayotzinapa? Por supuesto, la respuesta de una sociedad que entiende la masacre como un fenómeno persistido durante décadas, y cuya prevalencia no puede seguir siendo. También, principalmente, la continuidad conmovedora, inagotable, de los padres de las víctimas, cuyo incansable impulso central es el amor.

¿Qué diferencia esta violencia sistémica de la que sacude a El Salvador desde su guerra civil, iniciada en 1980 y concluida en 1992? ¿Qué separa a los muertos de una América de los de otra?

El cuarto de los huesos
Fotograma del documental sobre la violencia del pandillerismo en El Salvador. Imagen tomada de imdb.com

 

Marcela Zamora, cineasta y periodista de aquel país centroamericano, explora –durante 60 minutos– en El cuarto de los huesos (2015) la continuidad de una violencia social sin paradigma ni una mínima evaluación por la carga poderosa de un alma que se enreda afuera de un cuerpo putrefacto.

Vinculada con el Instituto de Medicina Legal, Zamora da cuenta de una labor forense sin abasto, obligada a recibir veinte cadáveres mensuales sin identificación, caídos en el toma y daca del pandillerismo irracional, extorsionador, amenazante, cuya victoria es un control volátil de calles y dinámicas económicas, y su remanente, cientos de vidas jóvenes extraviadas sin solución, cuyos cuerpos han sido cruelmente despedazados de una u otra forma.

Paciente, oscurísima, conmovedora labor de reconstruir esqueletos, identificar traumatismos aniquiladores; búsqueda de cuerpos perdidos en pequeñas cuevas terrosas; renuncia a la identificación, cuyo desembocar entendido es abandonar los cuerpos en las fosas comunes.

La película se crece con el retrato humano de los cuatro médicos responsables del proyecto, personalidades obligadas, por el peso desconcertante de la vida débil, a la serenidad, al dominio de sí mismos y de la propensión natural a volcarse en el dolor, frente a una dinámica tan ahogada.

Médicos forenses describen la saturación de sus espacios de trabajo, a donde llegan cadáveres de manera constante por la violencia del país centroamericano. Imagen tomada de imdb.com.

Mediometraje que da sus mejores notas cuando, más allá de la comprensión numérica o sociológica del fenómeno, entiende la tristeza gigantesca, desarticulada, de las madres que esperan ya no la vida de sus hijos, sino la identificación de unos restos que les permitan construir un espacio al cual rememorar, al cual querer de manera trascendente y pacífica, más allá de la muerte. Nunca vemos sus rostros; el relato cinematográfico posee una inteligencia que, tanto protege a las mujeres embrolladas en las dinámicas perversas de la extorsión y la amenaza, como construye imágenes de conmoción, donde el derretimiento sentimental es anónimo, colectivo, demoledor y constante. Oiremos su canto, acudiremos a su paciencia ancestral, seremos testigos de su apego sin esperanza, que quiere significar el vacío por la irradiación del amor.

El cuarto de los huesos es una película dolorosísima que denuncia una realidad vigente: la violencia de nuestros países latinoamericanos no es un relato histórico; sino el desgarre cotidiano sin solución, donde la pequeñez heroica de la voluntad y la tenacidad indescriptible del amor permiten que una sociedad desbaratada encuentre también sus nodos de fortalecimiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s